Mayweather-Pacquiao 2: esta vez sí compro al favorito
El regreso que parecía broma ya está en mesa
Este martes, 24 de febrero de 2026, la revancha entre Floyd Mayweather y Manny Pacquiao dejó de ser chisme de sobremesa y se metió otra vez en el carril serio del negocio deportivo. Pasó más de una década desde la pelea de 2015, esa que nos vendieron como “la del siglo”, y sí, yo también pagué caro creyendo que vería candela, pero terminé mirando ajedrez con guantes, qué piña. Plata manda. Siempre.
Lo que sostengo —y acá más de uno me va a jalar la camiseta por pura nostalgia— es simple: esta vez el mercado acierta al poner a Floyd de favorito. No es por el apellido, tampoco por humo de marketing, va por perfil competitivo, porque ese 50-0 oficial de Mayweather no es un recuerdo bonito guardado en vitrina, sino la foto de toda una carrera sin una noche realmente desconectada. Pacquiao fue enorme. Enorme de verdad. Pero su tramo final en el boxeo profesional sí dejó señales de desgaste, y esas señales no se evaporan al toque por una conferencia emotiva.
La trampa emocional de querer “reparar” 2015
Acá viene lo incómodo para el apostador viejo de guerra: mucha gente quiere meterle a esta revancha como si fuera terapia personal. “Me debes una, Manny”, “ahora sí hay guerra”, “esta vez lo caza”. Ese ticket nace roto. Así.
En 2015, Mayweather ganó por decisión unánime controlando distancia, leyendo ritmos y administrando riesgo con una frialdad casi quirúrgica; no fue el show que la tribuna quería, sí, pero fue exactamente lo que sirve para sumar rounds, que al final es lo único que paga. Si el molde de estilo sigue ahí, la lógica también.
Y no, la edad por sí sola no arregla eso, porque que Mayweather ronde los 49 y Pacquiao ande por los 47 no vuelve automáticamente el cruce un 50-50, ni de cerca, ya que el deterioro no golpea parejo: algunos boxeadores envejecen como pan del día anterior y otros, bajando revoluciones, mantienen esa lectura medio segundo antes. Ese medio segundo pesa. Muchísimo.

Apuesta y memoria: mis errores, para que no repitas los tuyos
Perdí plata feo durante años apostando revanchas como si fueran guion de película. La peor, lejos: insistir con “ahora sí no llega al final” en una exhibición de Mayweather, y terminé comiéndome una cuota bonita y una lección amarga, de esas que no se olvidan. Floyd dosifica esfuerzos como contador en cierre fiscal: nada de más, nada fuera del libreto. Pacquiao, en cambio, cuando fuerza intercambio, necesita piernas y volumen constante. Ahí está el tema.
Si las casas abren Mayweather favorito entre 1.55 y 1.80 (rango típico en un cruce con este ruido mediático), esa zona no me suena inflada. Traducido rápido: una cuota 1.67 sugiere una probabilidad cercana a 59.9%, y yo la tomo por encima de 60%, sin maquillaje. No por fe. Por estilo.
Porque el historial de control táctico y defensa élite de Floyd envejece mejor que la explosividad ofensiva que define más al filipino, y mmm, no sé si suena antipático decirlo así de frontal, pero cuando uno apuesta con cabeza fría, el cariño pesa poco y la estructura pesa todo.
En Perú, donde en distritos como el Rímac se mira boxeo de madrugada entre café cargado y cable pirata, hay una costumbre brava: apostar por el héroe que te cae mejor. Yo hice eso diez años, y por eso terminé enseñando responsabilidad en vez de vender picks mágicos. La mayoría pierde. Y pierde seguido. Sobre todo cuando mezcla cariño con probabilidad. Esta pelea huele a nostalgia, pero se cobra en frío.
Mercados que sí tienen sentido (y por qué también pueden fallar)
Mi jugada principal sería Mayweather ganador en mercado simple, incluso tragando cuota baja. La segunda, si aparece precio decente, es Mayweather por decisión, porque su camino más estable históricamente pasa por puntos, manejo de distancia y lectura round por round. Tercera vía, más áspera: “se completan los rounds pactados”, según el formato final. Puede servir.
En cruces de veteranos con IQ alto, la supervivencia suele cotizar bien, y aunque suene menos sexy que ir por un nocaut temprano, muchas veces ese tipo de boleto es el que te mantiene en la chamba de apostar sin reventar banca cada dos semanas. No da para romantizar.
¿Dónde se puede torcer? Fácil: una caída accidental en los primeros rounds te desordena cualquier libreto, un corte por choque de cabezas puede obligar una lectura rara de tarjetas, y una versión más agresiva de Pacquiao durante tres asaltos podría sembrar ventaja psicológica en jueces si Floyd entra demasiado especulativo. Apostar al favorito no blinda nada; solo te ubica en el lado que, por números y estilo, trae menos fantasía.
Cierre: esta vez no hay que inventar la pólvora
Mañana, o cuando salga cartelera cerrada y reglamento definitivo, el ruido en redes va a empujar el cuento del “ajuste de cuentas”. Yo no compro esa peli. Para nada.
Si la línea mantiene a Mayweather como favorito, me quedo ahí sin roche: la apuesta correcta, esta vez, es la obvia. A veces ir contra mercado te hace sentir genio una noche; seguirlo cuando está bien calibrado te mantiene vivo mucho más tiempo, y en apuestas, eso ya cuenta como una victoria bastante digna.
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